viernes 6 de julio de 2007

Pautas de valor y consenso en Talcott Parsons

(Elementos exploratorios para el estudio del problema del orden social en la teoría sociológica de Talcott Parsons.)

Introducción
En un pasaje muy decidor en su obra madura Talcott Parsons formuló, en el Sistema de las sociedades modernas de 1971, su definición de sociedad, como “el tipo de sistema social que se caracteriza por el más alto nivel de autosuficiencia en relación a su ambiente, incluyendo otros sistemas sociales”(1) . Uno de los aspectos que destaca Parsons para medir el grado de autosuficiencia de la sociedad es el referido al sistema cultural que realiza la función del mantenimiento de patrones, que considera vital para la estabilidad del sistema social en su conjunto.

Veinte años antes, en 1951, en El sistema social, Parsons ya había destacado la importancia del “factor cultural”, que forma parte de la definición misma de “sistema social” ahí tratada: “Un sistema social –reducido a los términos más simples- consiste, pues, en una pluralidad de actores individuales que interactúan entre sí en una situación que tiene, al menos, un aspecto físico o de medio ambiente, actores motivados por una tendencia a obtener ‘un óptimo de gratificación’ y cuyas relaciones con sus situaciones, incluyendo a los demás actores, están mediadas y definidas por un sistema de símbolos culturalmente estructurados y compartidos”(2) . En el tratamiento que realizó en aquella oportunidad al problema de la acción Parsons vinculó a los sistemas social, cultural y de personalidad, a través de los procesos de socialización, institucionalización e internalización de “pautas de valor”, cuyo éxito era medible, entre otros, por el grado en que el individuo no solo conociera y se adaptara a una norma, sino que se sintiera comprometido con la misma.

Si se revisa más atrás, a los inicios de la teorización sociológica parsoniana, en La Estructura de la Acción Social, publicado en 1937, el sociólogo norteamericano anticipaba tal función al analizar, como parte de la teoría voluntarista de la acción, el papel de los elementos normativos de la acción humana como “la experiencia de que los hombres no sólo responden a estímulos sino que, en cierto sentido, tratan de ajustar su acción a modelos que el actor y otros miembros de la misma colectividad estiman deseables”(3) .

A lo largo de toda la obra de Parsons, es la tesis desde la cual, en un nivel exploratorio, se aborda este ensayo, es posible verificar una preocupación permanente por lo que provisionalmente podemos llamar lo cultural, tópico directamente relacionado en Parsons con el problema del orden social –la integración, la estabilidad, el equilibirio- de aquel sistema social llamado sociedad-, cuyo nivel de autosuficiencia se juega en el consenso de los miembros acerca de la orientación de los valores relativos a su propia sociedad. ¿Cómo se produce este consenso? ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad del mismo? Son las preguntas intentaremos abrir algunos caminos de respuesta desde la revisión de un conjunto acotado de aspectos relevantes de tres momentos característicos del sistema teórico parsoniano, sus libros de 1937, 1951 y 1971.

1.
Para aclarar el significado citado de “sociedad” en la obra de Parsons de 1971, es necesario hacer referencia a la formulación más amplia de “sistema social” que elaboró este autor, en tanto subsistema constituyente del sistema general de la acción, del cual forman parte a su vez los subsistemas cultural, de personalidad y organismo conductual. Los cuatro subsistemas de acción se distinguen entre sí en cuanto a las exigencias funcionales que cada uno desempeña al interior del sistema general de la acción, siendo el organismo conductual el que cumple la función de adaptación, en tanto sitio de las facilidades humanas primarias y mecanismo primario de interrelación con el ambiente físico; el sistema de personalidad, en tanto agencia primordial de los procesos de acción, que desempeña la función del alcance de metas; el sistema social, que se organiza basado primordialmente en la constitución de relaciones sociales, que está a cargo de la función de integración; y el sistema cultural ordenado en torno a las características de complejos de significado simbólico, que realiza, como señalamos antes, la función del mantenimiento de patrones.(4)

Al aplicar tal patrón de cuatro funciones de los sistemas de acción a la sociedad -más conocido por su sigla en inglés, AGIL (5)-, la sociedad es analizada desde el modo en que se organiza para asegurar la posibilidad de disponer de los recursos materiales necesarios para la vida de las personas (adaptación); la capacidad de llevar a cabo metas de interés común (alcance de metas); la presencia de un cierto nivel de solidaridad y de aceptación de las normas y usos comunes que definan las relaciones entre unos y otros (integración), y el modo en que se asegura cierta estabilidad de las pautas culturales que orientan las acciones de personas y grupos en el marco societal (mantenimiento de patrones). Cada sociedad concreta, por lo tanto, es estudiable desde el grado de desarrollo que hayan alncanzado los subsistemas que realizan estos cuatro aspectos del sistema social, siendo la economía la que cumple la función de adaptación, y por lo tanto la relación al organismo conductual, y por medio de él, al mundo físico; la política la función de alcance de metas, estando de este modo está vinculada a la personalidad de los miembros individuales; y la comunidad societaria, que cumple la función de integración.

Más acá de esta división analítica, Parsons hace hincapié en que si bien es posible identificar grupos y normas especialmente vinculados con las diferentes funciones, la totalidad de la sociedad participa en cada uno de estos aspectos funcionales. Desde el punto de vista de las unidades actuantes esta realidad es vivida como el problema de la multiplicidad de roles, esto es, el sometimiento de una misma persona a una gran cantidad de expectativas sociales diferentes (como padre de familia, a la vez educador y transmisor de la cultura a sus hijos, al mismo tiempo que ciudadano, y trabajador en el mercado laboral, etc.). Lo anterior implica que en las sociedades complejas o “más modernas”, es decir en las que se ha alcanzado un grado de desarrollo evolutivo alto, cuyo indicador es la creciente diferenciación funcional, el problema de la sociedad atañe a la necesidad de armonizar obligaciones de distinto tipo –familiares, por ejemplo- con requerimientos de otro orden –profesionales, de amistades, de compromisos públicos, etc-.

Parsons con esta concepción se puede decir que abandona el camino de algnunos esencialismos reduccionistas clásicos –como la distinción entre “homo economicus” u “homo políticos”-, asumiendo una perspectiva más compleja en que la sociedad está implicada en cada una de sus funciones básicas, las que presionan particularmente al individuo moderno con una fuerza centrífuga cuyos efectos deben ser considerados para el mantenimiento y adecuado funcionamiento del sistema general de la acción, en otras palabras, del orden social.

Talcott Parsons se pronuncia explícitamente en torno a este tópico de preocupación, haciendo indicaciones a lo largo de toda su obra a lo que considera como el “problema hobbesiano”, el que es referido no sólo en tanto desafío teórico, sino como desafío real en la vida de las sociedades. ¿Cómo asegurar la mantención de la estabilidad de las sociedades? Para dar respuesta a esta pregunta Parsons observa cómo en cada agrupación humana cabe identificar una multitud de elementos causantes del orden fáctico y de la diversidad de recursos a los cuales las sociedades hechan mano para minimizar los factores de conflicto y desintegración hasta límites aceptables para el conjunto. Y la prueba empírica que presenta es que aquellas sociedades en que estos elementos de orden han sido insuficientes simplemente han desaparecido o se han transformado en otro tipo de comunidades. También para Parsons existe en las sociedades el peligro latente de que de no haber un orden pautado que proporcione las normas de orientación y ordenación selectiva, el riesgo que “las relaciones humanas degeneren en una ‘guerra de todos contra todos’”(6) es inminente. Y al respecto, el solo uso de la fuerza no es suficiente, tal como lo señalara Durkheim antes que Parsons: “Las treguas impuestas por la violencia siempre son provisorias y no pacifican los espíritus. Las pasiones humanas no se contienen sino ante un poder moral que respeten. Si falta toda autoridad de este género la ley del más fuerte es la que reina y, latente o agudo, el estado de guerra se hace necesariamente crónico”(7) .

La solución parsoniana a este problema intenta ser, en este sentido, distinta a la hobbesiana, toda vez que Parsons busca alejarse de la concepción que un sistema normativo es obedecido exclusivamente por la fuerza. Parsons, desde el inicio de su trabajo teórico, critica la solución utilitarista que postula la racionalidad individual y la coincidencia fortuita de fines, posición teórica que aduce sólo razones de carácter externo a la acción racional humana. El elemento de orden, a su juicio, ha de ser un componente positivo explicable en términos internos a la acción individual, toda vez que el orden o la estabilidad como problema no debe explicar solamente los aspectos de prevención y eliminación de los posibles conflictos que surgen de las múltiples interacciones humanas, sino también debe estar en condiciones de explicar los fenómenos de cooperación, solidaridad y apoyo mutuo de los individuos entre sí.

De ahí entonces el camino de solución parsoniano, que enfatiza la orientación primariamente normativa y común de la acción social, desde el protagonismo de factores culturales y comunicativos, pertenencientes a la acción misma, que han sido interiorizados en la personalidad de los agentes de la acción, de modo que estos actúen normativamente. Este es probablemente uno de los casos teóricos más ilustrativos del concepto parsoniano de interpenetración: los elementos del sistema cultural deben ser interiorizados en el sistema de la personalidad, vinculando de este modo a los actores mediante su institucionalización en el sistema social. Esta institucionalización, que en Parsons remite fundamentalmente a la institucionalización de patrones de valores compartidos, es lo que permite que los individuos se orienten de manera común en su capacidad de miembros de los sistemas sociales, reduciendo la fuerza desintegradora que pudiera tener la contingencia de las múltiples interacciones en sociedades complejas.

Es en esta zona de interpenetración entre los sistemas social y de personalidad –posibilitada por la institucionalización de ciertas partes del sistema cultural en la sociedad- donde se juega en la teoría sociológica de Parsons un aspecto fundamental del “más alto nivel de autosuficiencia societaria”. Zona de interpenetración que depende del “consenso de los miembros acerca de la orientación de los valores relativos a su propia sociedad”, valores que, “a fin de cuentas… se autentifican en términos religiosos” (8) . El nivel de la autosuficiencia societaria indica en Parsons el grado en que las instituciones de una sociedad se han legitimado mediante los compromisos de valores aceptados por sus miembros. Es lo que Durkheim trabajó bajo el concepto de representaciones colectivas y que Parsons toma explícitamente, “para designar las bases culturales de la organización social”(9) .

¿Está diciendo con esto Parsons que para que haya sociedad en general, y estabilidad y orden social, en particular, se requiere de un consenso previo de sus miembros o el consenso se va desarrollando en el propio proceso de interacción? ¿Si es condición de posibilidad de la sociedad la existencia de un orden normativo compartido por los actores sociales, que oriente las conductas individuales de una manera coherente, permitiendo con ello la estabilidad de la organización social, y ello supone que haya consenso entre sus miembros, qué elementos y argumentos teóricos entrega Parsons para indicar cuales serían las condiciones de posibilidad para que se logre tal consenso, cómo se verifica éste, y cuál es el margen para el disenso? ¿Si lo que se deben consensuar son valores relativos a la propia sociedad, y ello se autentifica en “términos religiosos”, es acaso posible que los individuos puedan consensuar o participar de un consenso en torno a valores de tales características? Exploremos un poco más en estas cuestiones.

2.
Talcott Parsons en su segundo gran texto sistemático de importancia, El sistema social, ligó la institucionalización de los valores en el sistema social en forma de normas comunes, y en los individuos como motivaciones interiores –la internalización- a la cultura, considerando a ésta depositaria del pasado histórico de la sociedad -la tradición-, que entrega los elementos fundamentales para que las instituciones se constituyan en el marco normativo de los diferentes procesos de acción social, volviéndose en elemento de carácter orientacional y motivacional para la conducta presente de los individuos. “Esa tradición tiene que ser ‘sostenida’ por uno o más sistemas sociales y solo se puede decir que ‘funciona’ cuando forma parte de sus efectivos sistemas de acción”(10) .

Lo que en La estructura de la acción social, de 1937, aparecía preferentemente como lo que está y no está en el área de control del actor – los elementos del “modelo acto unidad”, muy en línea con el desarrollo weberiano de la acción, que es social y no reactiva cuando lleva un sentido subjetivo mentado por el o los sujetos de la acción orientado a la conducta de otro (11) -, en El sistema social es definido como “cultura”, en tanto que “pauta”, fundamentalmente de carácter simbólico y expresivo, que es transmitida, constituyendo una herencia o tradición social; aprendida, siendo algo distinto a la constitución genética del hombre; y compartida, toda vez que forma parte de lo que se transmite y aprende en los sistemas de interacción social humana por una multiplicidad de actores individuales. La transmisibilidad Parsons la acota a la posibilidad de difundir la cultura de un sistema social a otro, mientras que para un sistema social en particular, la cultura opera como una “pauta”. El aprendizaje, por su parte, singifica “la incorporación de elementos culturales pautados en los sistemas de acción de los actores individuales”(12) . No hay mayores rastros respecto a si existe un procedimiento que lleve al consenso, en el sentido si lo consensuado –las pautas- deban ser “negociadas” por parte de los actores. ¿De qué modo surge el consenso entonces?

La obra de 1971, entrega luces al respecto: “La prioridad en el mantenimiento de patrones –y en el cambio creativo de patrones- la atribuimos al sistema cultural”(13) . No son los individuos los que, tal como ocurre en una visión contractualista, se “sientan” a “consensuar” sus valores que guiarán, en la forma de orientación y motivación, sus procesos de interacción. Ello no solo no es posible en las sociedades complejas por un problema cuantitativo, sino por que las pautas de valor constituyen a los propios procesos de interacción y, por lo mismo, a los propios individuos desde el punto de vista de los complejos simbólicos y expresivos desde el cual, con el cual y hacia el cual realizan la acción. No cabe en este marco, entonces, la pregunta por las “condiciones de posibilidad” de la cultura. El propio sistema cultural, postulo a modo provisorio, en su relación de intercambio estrecho con el sistema social, de personalidad y comunidad societaria, es condición de su propia posibilidad, y los actores individuales son un momento de la realización de la sociedad como tal, su agente principal, dice Parsons en 1937, comprendiendo por actor individual ya en aquella época no a su cuerpo u organismo, “sino un ‘yo’ o ‘sí mismo’”(14) , que anticipa de algún modo el concepto de “sistema de personalidad”, presente en la obra de 1951 y 1971, en la que llega a afirmar, “el sistema de personalidad es la agencia primordial de los procesos de acción y, así pues, también de la aplicación de requisitos y principios culturales” (15) .

¿Dónde ocurre la cultura? En la sociedad, por medio de los actores individuales, y no desde ellos. Hay una restricción, por lo tanto, en la capacidad de autonomía de los individuos en tanto que actores. Tal restricción le viene dada por el sistema cultural del que forman parte, que actualizan a través de sus acciones. Y para que ello ocurra deben existir mecanismos que incorporen al individuo, esta vez como cuerpo-organismo, a lo propiamente social, para que actúen socialmente, es decir, de acuerdo a la sociedad que sea el caso.

3.
Parsons desarrolla este esfuerzo teórico, a mi juicio, a través de su concepto de “institución”, que no es entendido como un grupo concreto (institución familiar y similares), o modo tradicional de actuar o una persona individual destacada. Por institución Parsons entiende las pautas normativas que concretan valores comunes y constituyen la orientación para las acciones de los individuos, como el camino por el que las pautas de valor se integran en la acción concreta de las personas en una interacción mutua, a través de expectativas de rol y de la organización de la motivación. De tal suerte que la presencia de los valores en la estructura social y en la motivación individual se verifica en virtud de las instituciones. Éstas, podríamos decir, son el anclaje o zona de interpenetración entre sistema cultural, sistema social y sistema de personalidad. En consecuencia, las instituciones describirían un proceso de intercambio entre la cultura común y la acción individual. Pero para que haya intercambio, o retroalimentación, es menester que la información fluya en ambos sentidos, y no en forma unilateral de un sistema al otro. Es lo que Parsons trata de realizar a través de la trilogía institucionalización-socialización-internalización de pautas de valores comunes, condición de la estabilidad del proceso de interacción (16) .

Parsons enuncia que las normas guían las acciones individuales y que la espontaneidad individual influye en la creación de pautas normativas, y que es en este doble proceso de influencia que se sitúan los problemas de mantenimiento del equilibrio del sistema social, en definitiva lo que clásicamente llamamos orden social. Dos son los procesos principales que aseguran tal mantenimiento, en tanto que mantención de “pautas constantes” que sirven de base para la presunción parsoniana de la “ley de inercia del proceso social”: los procesos de socialización en que los actores adquieren las orientaciones necesarias para el desempeño de sus roles en el sistema social, y los procesos implicados en el equilibrio entre la generación de motivaciones hacia la conducta desviada y la restauración del proceso interactivo estabilizado a través de los mecanismos de control social (17) .

Las instituciones son cristalizaciones relativamente estables de uniformidades en el proceso de acción e interacción de los individuos, las que perviven en la historia de una sociedad, y se manifiestan a los futuros miembros de ésta como pautas de acción de carácter normativo. Las instituciones son expresiones normativas que definen las categorías de acción esperada por parte de los individuos, que establece el marco en que ha de comprenderse lo ordenado, lo permitido o lo prohibido. En tanto que pautas normativas, definen los modos de acción o de relación social aceptados como adecuados, legítimos o esperados, que al presentarse a los individuos como el modo adecuado de comportarse las instituciones “empujan” a los individuos a decidir conformarse a ellas. Las instituciones –relacionales, que definen expectativas de rol recíprocos con independencia del contenido de interés; regulativas, que definen los límites de la legitimidad de la prosecución de intereses privados, y culturales, que definen las obligaciones de aceptar pautas culturales, convirtiendo la aceptación privada en deber institucionalizado-, de este modo, y a pesar que Parsons se empeña en caracterizarlas como “más condicionales que constitutivas”, definen los límites más allá de los cuales no se permite variación, tanto en la orientación para la definición y persecución de la realización de metas, como en la elección aceptable de medios y en las condiciones en que ellas pueden ser perseguidas.

En este modo de afrontar teóricamente la cuestión de las instituciones, Parsons muestra sintonía con las aproximaciones de Durkheim, para quien la regla “no es sólo una manera de obrar habitual”, sino, ante todo, “una manera de obrar obligatoria, es decir, sustraída, en cierta medida, al libre arbitrio individual” (18) . En efecto, la estructura institucional, tal como lo eran las representaciones colectivas en Durkheim, es un foco de integración para los individuos, lo que implica que las acciones que pasan el límite establecido por las normas institucionales son consideradas como “conductas desviadas”. Todo sistema, en su tendencia al equilibrio, debe mantener sus límites, lo que para el caso del sistema social implica mantener las pautas institucionales o patrones básicos de valores institucionalizados en la sociedad, así como el desarrollo y mantenimiento de los compromisos apropiados de motivación de los individuos dentro de la sociedad, en tanto factores de estabilidad de las relaciones sociales (19) .

Para asegurar el carácter obligatorio de las pautas, Parsons describe las instituciones como pautas a las que los sentimientos morales comunes prestan apoyo, por lo que conformarse a ellas no constituye solo una cuestión de conveniencia –que sería la perspectiva utilitarista-, sino un deber moral: “las pautas que están institucionalizadas implican por naturaleza un elemento de orientación de valor sobre el nivel del sistema social, es decir, implican obligaciones morales de parte de los actores, en el sentido social-integrativo, en cuanto que distinto del ego-integrativo” (20) . De este modo Parsons logra que sea la configuración institucional de una sociedad la que otorgue el marco de referencia básico que guíe la acción de los sujetos sociales, enlazando en este paso teórico la función que Durkheim otorgaba a las representaciones colectivas, con, en mi opinión, el concepto de moralidad en Hegel (Sittlichkeit), vinculación hipotética que solo enunciamos, y que debiera formar parte de una investigación más profunda de lo aquí podemos hacer (21) .

Parsons señala expresamente la relación fundamental que debe haber entre los sistemas de creencia y los sistemas de acción social, en el sentido que la cultura común debe desarrollar la función comunicacional con tal fuerza normativa que logre una coparticipación y estabilidad en los significados, de modo tal que se complementen las expectativas. Una de las condiciones de la comunicación, que hacen patente el carácter normativo en la orientación, es la observación de las convenciones, de las normas del lenguaje y del sistema de creencias en un sentido fuerte, lo que Parsons siempre remite a una función integradora. La coparticipación de las creencias, para lo cual éstas deben hallarse internalizadas como parte de la personalidad del actor que las mantiene, implica que ego y alter deben participar en un sistema común de creencias compartidas: creencias existenciales empíricas, “proto-filosóficas” e ideológicas; evaluativas, vinculadas al significado, y creencias religiosas (22) . Para que la interacción resulte exitosa, esto es, que ocurra de acuerdo a las pautas, no basta con que exista aceptación de la norma sino, además, un compromiso con ella, incluso de orden sentimental, que en Parsons son “modos o pautas de orientación catética y/o evaluativa culturalmente organizados hacia objetos particulares o clases de objetos” (23) . El sentimiento implica, por tanto, la internalización de las pautas culturales, valores e ideología de la sociedad superior, de lo contrario se está ante la presencia de una subcultura desviada, en abierto “estado de guerra” (24) .

En consecuencia, para Parsons lo decisivo no es solamente que los individuos estén dotados y posean una competencia comunicativa que les permita interpretarse mutuamente a través de la interpretación del orden simbólico y expresivo para entenderse y llegar a acuerdos acerca de los límites de lo aceptable y lo no aceptable –que es a lo que el concepto de consenso desde su uso común pudiera convocar a entender-, sino que a Parsons le preocupa además que se forme parte de la misma tradición y lenguaje, los cuales además de ser trasmitidos pueden ser aprendidos, por lo que no es necesario haber nacido en una cultura para poder entenderla y desde ella actuar con sentido en esa sociedad concreta. Lo relevante, además, no es solo que tal o cual sistema cultural sea entendido –lo que remitiría solo al aspecto cognitivo de la acción-, sino que además se actúe desde ella asumiendo en forma comprometida su carácter de obligatoria en cuanto a las pautas de valor que orientan y motivan la acción de sus miembros.

4.
Se suele decir que El sistema social de 1951 indica un punto de inflexión en la teoría parsoniana que marca la transición de la comprensión de la acción desde unidades singulares –el modelo acto unidad elaborado a partir de la Estructura de la Acción Social de 1937-, a sistemas sociales, al interior de los cuales los actores –la pluralidad de individuos- se orientan en sus situaciones motivacionalomente, desde el punto de vista cognitivo, de manejo de información; catético, de significación emocional; y, evaluativo, para la toma de decisión. Si bien es efectivo que el act-unit ha sido desplazado, o más bien integrado, dentro de un marco de análisis teórico mayor, apareciendo en él como un caso especial de la unidad de acción (25) , creo que se mantiene y refuerza la intuición teórica que motivó a La Estructura de la Acción Social, en cuanto al objetivo de desarrollar un modelo de explicación de la acción social de carácter voluntarista –en el sentido que Parsons otorga a este concepto-, pero que está constreñido por la sociedad. El Sistema Social enfatiza los aspectos constrictivos de la acción social desde el lenguaje de la teoría de sistemas en desarrollo por aquellos años, sin perjuicio de lo cual Parsons insiste en conceptos como “interacción”, “actores individuales”, “logro de gratificación o evitación de privaciones del actor relevante”, “motivación”, entre otros, que enlazan a su primer trabajo donde la “deuda” con Weber era casi absoluta. La referencia a este autor se mantiene además en forma permanente también en la obra de 1971, no obstante ahí está remitida a los trabajos de Weber vinculados a su sociología de la religión que son de carácter más histórico comparativo, y en este sentido, más estructurales, de tendencias de larga duración en los que el problema del actor individual es más difícil de observar, lo que en ningún caso significa que no esté presente.

Pero en 1951 el actor individual está explícitamente presente, aunque en la forma de un descentramiento mayor producto de la presión y preeminencia otorgada al papel que pasan a jugar en la teoría de Parsons las estructuras sociales que satisfacen distintos requerimientos funcionales. Por una parte el “actor individual” ha sido objeto de un descentramiento a través de la división tripartita de sistema social, sistema de personalidad y sistema cultural, que cumplen diferencialmente los prerrequisitos funcionales del sistema general de la acción, al cual habría que sumar al “organismo conductual”. Si bien el actor individual reaparece, por ejemplo, a través de los componentes de la acción, pues es quien realiza la evaluaciones cognitivas (a partir de criterios objetivos), apreciativa (desde criterios emocionales, catéticos), y moral (en términos de definiciones del bien y el mal) de la situación, tales evaluaciones no se deben por completo al individuo en cuanto tal – ese “yo y sí-mismo” de La estructura de la acción social- sino al juego de instituciones, estatus, roles y normas que se desarrollan por efecto de la interacción, y en el que el sistema de personalidad resulta decisivo.

Al respecto, Parsons elabora en 1951 la conocida categorización de los modos de orientación en los sistemas de personalidad, social y cultural, en la forma de cinco elecciones dicotómicas que puede hacer el actor en cada situación, las “variables pautas” (26) . Estas pautas son elecciones universales, conscientes, que hace un actor antes que la situación tenga un significado determinado, esto es, abordan el problema de la orientación de un actor hacia una situación. Nuevamente, vemos, por lo tanto, que el actor está presente, e incluso delibera, sin embargo ello no ocurre en el vacío, pues no hay que olvidar que el actor individual forma parte de procesos de socialización, internalización e institucionalización, que tienden, desde la “ley de la inercia de los procesos sociales” al consenso, el equilibrio y la orientación integrada.


A manera de conclusión provisional
Para Parsons, de acuerdo a la breve revisión realizada, desde sus inicios en la teorización sociológica hasta su obra madura, lo prioritario para estudiar y analizar la acción pasa por dar cuenta de su estructura con arreglo a marcos de referencia que establezcan sus condiciones de posibilidad. El actor, en este contexto teórico, no se concibe en su actuar, sino que su actuar es posible en relación a la acción definida desde esos marcos de referencia. Y tal definición pasa, fundamentalmente, por la función que cumple el sistema cultural que asegura una “consistencia de pautas” que garantiza, a su vez, el orden social.

¿Cómo se origina tal consistencia de pautas? En tanto es un hecho empírico que la sociedad funciona, es decir, cumple los cuatro prerrequisitos funcionales de todo sistema (AGIL), ello es indicativo que existe un consenso para aceptar tal modo de funcionamiento, y este consenso reside en la consistencia de pautas fundamentalmente de valor, lograda por los procesos de institucionalización, socialización e internalización. Suponer lo contrario es prejuzgar que toda sociedad es por naturaleza conflictiva, lo que haría caer en el prejuicio hobbesiano, lo que implicaría abandonar la idea clásica del origen consensual de la sociedad, origen que asegura su legitimidad: “Al nivel social, los patrones institucionalizados de valor constituyen ‘representaciones colectivas’, que definen los tipos deseables de sistema social; éstas son correlativas de los conceptos de tipos de sistemas sociales, por medio de los que los individuos se orientan en cuanto a su capacidad como miembros. Así, pues, es el consenso de los miembros acerca de la orientación de los valores relativos a su propia sociedad, lo que define la institucionalización de los patrones de valores. (27) ”

Si bien para Parsons el consenso es una cuestión de grado, se trata de un hecho que existe, de tal suerte que la autosuficiencia de la sociedad en este sentido se juega al grado en que las instituciones de esta misma sociedad se han legitimado mediante los compromisos de valores aceptados por sus miembros. Mientras mayor consenso mayor legitimación, a menor consenso menor legitimación, pero nunca falta de consenso. Tal alternativa es excluida y, de producirse en distinto grado, solo es indicativa de que las instituciones de la sociedad deben operar de modo más eficiente para que los miembros de la sociedad acepten los compromisos de valor de la sociedad.

Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando Parsons en sus estudios sociohistóricos hace mención de las “asociaciones voluntarias” que considera uno de los tipos de estructuración, junto al sistema de mercados y a la organización burocrática, que hicieron posible a las colectividades societarias modernas, e indica que ellas han tenido como una de sus principales tendencias la orientación hacia la igualdad –lo que en términos históricos, no trabajado por Parsons a pesar de la evidencia, ha significado tensión con el sistema económico, expresado en conflictos, rebeliones, revueltas y revoluciones-. Parsons describe aquellos movimientos desde la aplicación de su concepto de sistema cultural, “como un cuerpo de ciudadanos que mantienen relaciones primordialmente de consenso con su orden normativo y la autoridad de sus líderes”, y pone como ejemplos principales a las organizaciones fiduciarias, los partidos políticos, y las profesiones (28) .

Si el texto anterior hubiese sido escrito en 1937 o 1951 sería tal vez aceptable, aunque de todos modos discutible, que solo considerara la mención de estos ejemplos como casos típicos de organización operativa que han ido creciendo en importancia dentro de los procesos de diferenciación y pluralización de las comunidades societarias modernas, pero resulta al menos curioso que en 1971, teniendo su atención puesta fundamentalmente en Estados Unidos, Parsons no haga mención de los poderosos movimientos sociales que, desde la “comunidad societaria” y durante prácticamente toda la historia de Norteamérica presionaron en forma consistente por la ampliación de la institucionalidad de la “solidaridad democrática”, logrando en el caso de la comunidad negra, del feminismo, y otros, introducir resignificaciones a las pautas de valor de la “sociedad superior”. En El sistema social de 1951 Parsons consideraba a tales movimientos sociales directamente como movimientos “desviados” y ”radicales”, “que tratan de legitimarse en términos del sistema de valores institucionalizado, pero dando su propia ‘interpretación’ de dicho sistema de valores y de la ideología que le acompaña… Para ellos resulta crucialmente importante el creer y convencer a otros de que los aspectos de la sociedad establecida contra los que se rebelan –tales como el ‘capitalismo’-, pueden ser definidos como ilegítimos en términos de un conjunto común de creencias y valores” (29) .

Parsons no les otorga ninguna posibilidad ni mérito a estos movimientos que no comparten parte de las pautas de valor de la sociedad superior en términos de que pudieran constituirse en un aporte para el desarrollo evolutivo de las sociedades modernas, y más bien los tilda de “pseudo-lógicos”, “compulsivos”, víctimas de una “distorsión cognitiva” por efecto de sus “sistemas cerrados” de creencias que hacen patente un elemento de imperfección de la integración en el sistema de valores en un sistema social complejo (30) . Más bien al contrario, en tanto es probable que “las ideologías se conviertan en campo de batalla simbólico de algunos de los principales elementos de tensión y conflicto existentes en el sistema social… este proceso de polarización ideológica debe encontrarse sujeto a mecanismos de control social” (31), en tanto amenazan la estabilidad de la sociedad (32) .

En definitiva, una pregunta a trabajar en una futura investigación podría ser acerca de si es posible encontrar elementos en la teoría parsoniana acerca del abordaje del problema de la “alteridad” o la “diferencia”, propia de sociedades complejas en que conviven distintos códigos morales por ejemplo, más allá de la calificación como distorsión cognitiva y amenaza para la estabilidad del sistema social.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
(1) Parsons, Talcott: El sistema de las sociedades modernas, Editorial Trillas, México, 1974, pág. 17.
(2) Parsons, Talcott: El sistema social, Alianza Editorial, Madrid, 1988, pág. 17.
(3)Parsons, Talctott: La estructura de la acción social, Ediciones Guadarrama, 1968, Madrid, pág. 118.
(4)Parsons, El sistema de las…, op. cit., pág. 14.
(5)Adaptation, Goal Attainment, Integration, Latency.
(6)Parsons, La estructura de la…, op. cit., pág. 135; Parsons, T. El sistema social, op. Cit., pág. 38 y pág. 44; Parsons, T. El sistema de las sociedades…, op. Cit, pág. 22.
(7)Durkheim, Emilio: La división del trabajo social, Editorial Colofón, México, 1993, pág. 9.
(8)Parsons, El sistema de las…, op.cit., pág. 19. (Cursiva y subrayado mío).
(9)Idem.
(10)Op. Cit. pág. 26.
(11)“El marco de referencia del esquema es subjetivo en un sentido especial… trata de fenómenos, de cosas y sucesos tal y como aparecen desde el punto de vista del actor cuya acción se analiza y considera”, en Parsons, La estructura de la…, op. cit., pág. 84. El modelo “acto unidad” en la misma obra de 1937, págs. 81 y 82. La similitud con Weber es directa. Ver, Weber, Economía y sociedad, Fondo de Cultura Económica, México, 1999, pág. 5 &1., pág. 7 &4;
(12)Parsons, El sistema social, op. cit., pág. 26.
(13)Parsons, El sistema de las…, op. cit., pág. 14.
(14)Parsons, La estructura de la…, op. cit, pág. 85.
(15)Parsons, El sistema de las…, op. cit., pág. 14.
(16)Parsons, El sistema social, op. cit, pág. 58.
(17)Idem, pág. 446.
(18)Durkheim, La división…, op. cit., pág. 11.
(19) Parsons, El sistema de las…, op. cit., pág. 126.
(20)Parsons, El sistema social, op. cit., pág. 57.
(21)Parsons ha sido, por lo común, solo vinculado a Kant como fuente de inspiración, probablemente por las continuas referencias que realiza Parsons hacia él en La estructura de la Acción Social. Creo, sin embargo, que en su teoría existen elementos suficientes para vincular la obra teórica de Parsons además a Hegel, respecto de quien se declara explícitamente deudor– dejando a Kant fuera-, en El sistema de las sociedades modernas, op. cit., pág. 9.
(22)Parsons, El sistema social, op. cit., pág. 308 y ss.
(23)Idem, pág. 48, nota 10.
(24)Parsons, El sistema social, op. cit., pág. 332.
(25)Parsons, El sistema social, op. cit., pág. 20, nota 4.
(26)Parsons, El sistema social, op. cit., pág. 71.
(27)Parsons, El sistema de las sociedades…, op. cit., pág. 19.
(28)Parsons, El sistema de las…, op. cit., pág. 39.
(29)Parsons, El sistema social, op. cit., pág. 333.
(30)Idem, pág. 333 y 334.
(31)Ibidem, pág. 335.
(32)Idem, pág. 334.

1 comentarios:

Piru Tinnirello dijo...

¿CUÁL ES LA IMPORTANCIA DE LA PLURALIZACIÓN PARA EXPLICAR AL MUNDO MODERNO EN PARSONS?
muchas gracias!
mi email es piru_tinnirello@hotmail.com