viernes 6 de julio de 2007

Reflexiones a partir de Kant y Zizek: El obsceno goce de nuestro pasado

¿Cuáles son las condiciones de posibilidad que permitieron la gestación y materialización de lo que ha sido llamado un verdadero Exterminio en Chile?. Se trata de pensar el trayecto que va desde la Caravana de la Muerte, vía Operación Albania, hasta la llegada de la Democracia, en una operación que nos debe llevar a precisar aquellas estrategias de poder que permitieron que hechos de esta naturaleza resultaran verosímiles y factibles en la historia política del Chile de los últimos 30 años. Este escrito es un intento más de ensayar una lectura particular de nuestro Chile Actual a partir de la discusión de conceptos tales como fascismo, imperativo categórico y fantasía ideológica.

Caracterizamos al período en cuestión, en esta oportunidad, como fascista y no como régimen dictatorial, autoritario o totalitario. Nos parece importantísima la distinción debido a que la caracterización del período como fascista alude a una dimensión de análisis particular que otros descriptores no denotan.

Llamar al período de dictatorial posibilita la descripción de un aspecto jurídico del régimen. En este se ha eliminado el nivel intermedio de la legalidad, volviendo al mandato del soberano en la ley, por cuanto a lo que se debe obediencia no es a la Ley, sino a la voluntad del soberano directamente. La dictadura suspende el Derecho burgués tradicional, instalando un permanente estado de excepción bajo el cual, no obstante, aún se mantienen ciertos derechos normales pero bajo formas trastocadas.

El autoritarismo del período describe las relaciones de poder que se establecen prescindiendo de los procesos de legitimación previos, destacando el uso de la fuerza, aludiendo, en definitiva, a una dimensión psicopolítica del período, bien sea a partir del análisis de psicopatologías individuales o de teorías provenientes de la psicología social que intentan explicar el irracionalismo epocal.

El totalitarismo ataca el aspecto sociopolítico, describiendo al monopolio de todas las formas y espacios de poder que son copados por el sistema político, la “panopticidad” del soberano, la pura racionalidad instrumental del sistema y la penetración de la técnica en todos los espacios de la sociedad. Así, por ejemplo, se concibe a las dictaduras totalitarias a partir de seis rasgos fundamentales: la presencia de una ideología oficial que proclama el fin de la historia de la humanidad, el arribo al paraíso en la tierra; una institución de masas organizada jerárquicamente, que opera como único dueño del dominio formal, asegurado por una dictadura; una policía secreta terrorista, que combate a grupos declarados enemigos del régimen; un monopolio de los medios noticiarios y de información en manos del partido y sus cuadros; el monopolio absoluto de las armas en manos del Estado; una dirección centralizada de todo el proceso productivo a cargo de una burocracia estatal.

Llamar al período de ánimo fascista, en cambio, busca su rendimiento al nivel de una dimensión “estética” del ordenamiento social, de cierta “fantasía” que lo constituye que es lo que nos interesa destacar.

El fascismo contiene una esperanza catártica en el momento de la revolución. Esta tiene un rasgo recuperador y sanador, de manera que el fascismo es la reacción contra el presente degradado respecto al orden divino, es la aversión a todo orden consensual. Al hablar de fascismo señalamos el ejercicio de recuperación de un logos natural divino, a partir de la inversión del papel que cumple en la teoría política burguesa la distinción entre orden y caos. La visión fascista de revolución permanente recupera la mitología antigua, en el sentido que es a través del caos que se manifiesta la verdad superior. El llamado a poner orden es por medio de la instalación del caos. La estética fascista establece la división entre lo natural y lo social y su consecuente deseo de reunificación. El fascismo, por tanto, no elabora un pensamiento acerca de Dios, sino que establece una relación estética hacia él, o más bien estimula la experiencia de Dios por la cual cualquiera daría todo por ella, bajo la forma: obedece porque debes.

Este imperativo puramente formal del fascismo ha sido trabajado por Slavoj Zizek , como incitación a la renuncia al goce, como mandato a sacrificarse sin posibilidad de preguntarse sobre el significado de ello, es decir, el asumir el sacrificio verdadero como fin en sí mismo: haz de encontrar satisfacción positiva en el sacrificio mismo, no en su valor instrumental. Hay por lo tanto una renuncia, una resignación del goce que, sostiene Zizek, produce cierto plus-de-goce.

(Continúa...)

Para leer el ensayo completo en Clacso